La despertaron los cantos de las aves acuáticas en la laguna. Observó la habitación a la luz del día, había clepsidras por todas partes, la casa estaba llena de ellas, como si su dueña atesorara el tiempo. Había tantas que uno no podía imaginar el sonido leve del tiempo al caer precipitándose en formas de gotas de agua. Finísimas gotas de tiempo. Había sol afuera y a través de la ventana la brisa llegaba cargada con el olor de la tierra húmeda, solo allá en la montaña la neblina agrisaba el paisaje, lejos, muy en el fondo, elevándose por encima del perfil de la cordillera, por sobre cualquier horizonte posible, se distinguía el blanco inmenso del Monte Fuji.
Te devolverán las mareas. (Fragmento del capitulo Izumi)
autor: Andrés Jorge.
lunes 3 de enero de 2011
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Buen texto y buena música, tan buena, que me he tentado de ir a mi patio buscar unas cerezas...
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